Cuando
estas en otro país, quieres empaparte lo más posible de su cultura; conocer lo
más emblemático. Aunque sea un vistazo.
No estaba
en nuestro plan original, pero vimos lo fácil y rápido que era viajar en tren y
hubiera sido imperdonable haber ido a Italia y no aprovechar para conocer
Venecia.
El viaje
era de tres horas de ida y tres horas de vuelta a Florencia. Sólo teníamos un
día. Eso nos dejaba aproximadamente cinco horas para recorrer la ciudad de las góndolas.
Cuando la opción es eso o nada, cinco horas está más que perfecto.
En contra
todas las probabilidades, en el tren compartimos asiento con dos paisanos. Una
pareja de Culiacán. Si bien fue agradable escuchar el acento mexicano, no nos
parecieron del todo amigables. Sin embargo, platicamos lo suficiente para
amenizar el viaje.
Fue muy
impresionante salir de la estación de trenes Santa Lucia y ver Venecia de
golpe. La ciudad, como la ves en las fotos, está justo afuera. Los edificios
emergiendo del agua, los vaporettos atravesando el Gran Canal, las góndolas con
los tipos de la camisa a rayas. La brisa salina refresca tu rostro, el aroma
del tomate con ajo te abre el apetito, el murmullo de los mil idiomas de la
multitud te entusiasma. Fue una primera impresión mágica.
De nuevo,
lo primero que llamó nuestra atención fue el contraste con las otras ciudades
visitadas. Conocimos la majestuosa Roma y la elegante Florencia; ahora
estábamos en Venecia la bohemia. El ambiente era más relajado y de alguna
manera más juvenil. Nos enamoramos de inmediato.
La ciudad
es un laberinto donde fácilmente puedes perderte si no sigues los señalamientos
que hay por todas partes para llegar a los puntos turísticos. Algunos letreros son
placas colocadas por el Ayuntamiento, otros, simples pintas o grafitis. Pero es
muy importante seguirlos, de otra manera no llegas a ninguna parte. En Venecia
vas de una calle llena de gente a un túnel oscuro en cuestión de segundos. No
sabes si vas o vienes. Los altos edificios complican ubicarte.
La visita
fue exprés. Del puente de Rialto a la Plaza San Marcos y de regreso. Pero la
sola experiencia de recorrer las calles, callejones, túneles y canales hacen
que valga la pena. Fue aquí donde comimos el mejor espagueti de
Italia, acompañado de langostinos.
Venecia nos
dejó ganas de más, pero tenemos la promesa de volver y quedarnos algunos días. Ojalá
así sea. Aquí unas cuantas fotos de nuestro paso por Venecia.
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